Terapia Hortícola: Sanando con las Manos en la Tierra

 “Para olvidarme de ti voy a cultivar la tierra, en ella espero encontrar remedio para mis penas”.
 
Violeta Parra lo sabía. En los versos de su canción “La jardinera” encontramos un testimonio personal e íntimo de un fenómeno que trasciende la metáfora poética y que hoy por hoy es avalado por  hospitales a través del mundo: el efecto curativo del trabajo con las plantas.
 
Una serie de investigaciones realizadas en las últimas décadas señalan el enorme potencial que encierran las actividades relacionadas con el cultivo y el cuidado de las plantas, especialmente en pacientes con discapacidades físicas y mentales. Tres siglos atrás el doctor Benjamin Rush (1746-1813), conocido como el padre de la psiquiatría americana, ya aseveraba que “excavar la tierra con las manos tiene un efecto curativo en los enfermos mentales” y desde los años cincuenta que este tipo de terapia se enseña en Universidades en Estados Unidos. Además de esto, la terapia hortícola es utilizada en centros psiquiátricos y de rehabilitación en el mundo entero debido a la efectividad con que ayuda a pacientes con enfermedades graves a recuperar su independencia, sus habilidades manuales y su calidad de vida.  Se afirma además que “las personas con problemas de comunicación aprenden a expresar sus sentimientos y a entablar relaciones” mediante el intercambio de  trucos y elementos de cultivo.
 
Por otra parte, aquellos que gustan de la jardinería o quienes han sentido el relajo de un acto tan simple como regar el pasto,  habrán podido comprobar que existe un efecto sanador en la entrega y el cuidado de las plantas. En muchos monasterios budistas por ejemplo, el trabajo en la huerta constituye parte de la disciplina de meditación diaria y se realiza como un ejercicio de contemplación activa. Cuidando el jardín se establece un vínculo afectivo y vibratorio, a través de actos y de palabras , beneficioso tanto para las personas como para la plantas (comprobado es el hecho de que estas crecen mejor cuando se les habla con cariño o se les estimula de forma armónica).
 
De la flor de la amapola seré su mejor amiga, la pondré bajo la almohada para dormirme tranquila. Cogollo de toronjil, cuando me aumentan las penas, las flores de mi jardín han de ser mis enfermeras. Y si acaso yo me ausento antes que tú te arrepientas heredarás estas flores, ven a curarte con ellas“.
Violeta Parra lo sabía.
 

 

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