Kjeltt Hasseldieck

Desde pequeño me ha sido fácil ayudar a los que me lo piden, siempre dispuesto a ello, pero nunca me vi como un médico ni nada por el estilo, eran métodos que a mi parecer eran muy invasivos y además no tenía interés en estudiar tantos años en ello.

Mi camino espiritual partió a los 15 años, ahí descubrí el mundo de las terapias complementarias, de las cuales nunca había escuchado. Un día mi madre me dice que pruebe una técnica con péndulo, a ver si me resultaba y vaya que me resulto, entendí la mayor parte de la terapia con facilidad. El péndulo, que era con el cual se desarrollaba esta terapia, se movía con tal certeza y precisión que ella misma quedo impactada.

Posteriormente, al salir del colegio e intentar estudiar una carrera universitaria, comprobé que no vibraba para nada con el camino de enseñanza tradicional y debido a esto y otras cosas decidí salirme. Teniendo ya claro lo que quería y para lo que era bueno, y con el apoyo y agrado de mi madre, decido dedicarme de lleno al estudio de las terapias complementarias.

Han sido muchos cursos desde entonces, con cada uno me quedaron enseñanzas que hoy aplico en mis terapias para ayudar a las personas que lo necesitan, obteniendo muy buenos resultados.

En un punto de este proceso descubrí las barras de Access Consciousness®, que en un principio no me llamaron mucho la atención para ser sincero, pero que luego de hacerme una sesión de prueba comprendí su enorme potencial, ya que sólo una sesión me hizo sentir más liberado, sin tanto peso en mi cuerpo y sin tanta información errónea que se había traspasado a mi cuerpo sin motivo alguno. La única explicación para que esa información estuviera ahí era para retener mi potencial infinito que me habían hecho creer que era finito. Me sentí mucho más alegre. Bajo mi pensamiento lógico no tenía sentido alguno que al colocar los dedos en la cabeza en unos puntos específicos me sintiera así. Fue entonces que descubrí que no todo tiene que ser lógico, que a veces lo mejor es dejarse llevar sin tanto pensar, lo que sólo nos ha llevado a dudar de nuestras capacidades.

Pregunté si había contraindicaciones con esta terapia y me dijeron que lo único era tener marcapasos por la cantidad de energía que se liberaba. En el peor de los casos es que el paciente se le olvidara sacarse el reloj, el que podría llegar a echarse a perder. Con esta explicación quede maravillado, que algo tan simple era tan potente, todo lo contrario de lo que mis enseñanzas me habían entregado.