¿Qué crees que te hará feliz?

Completa la oración: “Lo que me haría realmente feliz seria…”; “Si tuviera … sería tan feliz”; “Si lograra … podría ser plenamente feliz”. A caso respondiste algo como: Si tuviera el trabajo que quiero, si fuera rico, si fuera famosa y exitosa, si fuera hermosa, si estuviera en una relación de pareja como quiero, si consiguiese más flexibilidad laboral, más dinero o tiempo, un esposo más atento, un hijo más cariñoso y responsable, si pudiera parecer más joven, bella o saludable, o al fin lograra adelgazar, si lograra saber lo que quiero en la vida, si no tuviera problemas… sería finalmente feliz.
 
Invertimos tiempo y esfuerzo en procurar experiencias agradables, aumentar nuestro estatus social y recursos económicos, ganar salud y atractivo físico porque creemos que de tenerlos (o tener más de ellos) seríamos al fin profundamente felices. Sin embargo, se ha acumulado las investigaciones en el tema y la evidencia sobre “qué causa la felicidad” que contradice nuestro sentido común y hace que nos cuestionemos nuestras suposiciones más arraigadas. Al parecer tendemos a buscar la felicidad en los lugares equivocados.
 
Creemos que un acontecimiento positivo, un cambio en nuestras condiciones de vida ya sea económicas, materiales, sociales, laborales entregará montones de felicidad durante mucho tiempo, cuando en realidad nos aportan un poquito de felicidad durante breve tiempo. Las circunstancias de la vida, explican una limitada parte de nuestra felicidad actual, son una “dosis” de emoción positiva y nada más. Trabajas mucho por una pequeña dosis. En esa incesante búsqueda de la próxima efímera emoción, pasamos por alto rutas más efectivas para llegar a la felicidad duradera.
 
Existe una relativa independencia entre circunstancias externas (materiales) y felicidad. Cabe destacar que esto ocurre solo sobre cierto nivel de ingreso económico y acceso a seguridad básica. Es decir, para las personas que no cuentan con la satisfacción de las necesidades básicas, la ausencia de condiciones materiales afectará su bienestar y felicidad. Pero para quienes ya tienen asegurados aspectos económicos básicos, la felicidad deja de tener relación con circunstancias externas. Por mucho que puedan mejorar las condiciones materiales éstas no brindará mayor bienestar. Esto ocurre con el estatus social, la salud física, estatus marital, el pequeño efecto que tienen en nuestro estado emocional rápidamente vuelve a su estado habitual. Hasta la nueva dosis.
 
Ni siquiera la genética determina completamente nuestra capacidad de ser feliz. Es cierto, contamos genéticamente con un valor de referencia de felicidad. Hay quienes sin importar los eventos que vivan tienden a ser más felices que el resto de las personas, se recuperan rápido de los eventos negativos y disfrutan más intensamente los positivos. Otras personas tienden a ser más tristes independiente de los eventos externos.
 
Es decir, la genética marca un punto de referencia para la felicidad al que siempre regresamos incluso después de grandes contratiempos o triunfos. Pero tener un valor de referencia de felicidad bajo no quiere decir que no haya nada que hacer al respecto. Por ejemplo, aunque tuviéramos 100 personas que vivieran las mismas circunstancias vitales, y además todas ellas fueran gemelos idénticos entre sí, de todos modos seguiría habiendo diferencias en su grado de felicidad, y estas diferencias están explicadas por su  actividad deliberada.
 
La felicidad  profunda no es algo que debamos esperar a que nos ocurra. No es un cambio en nuestras circunstancias externas presentes o pasadas, ni en nuestra salud, atractivo físico, estatus civil o económico. Nuestra felicidad tampoco está completamente determinada por nuestra genética. La evidencia de las investigaciones muestra que en uno tiene la posibilidad de gozar de un incremento real de su propia felicidad, siempre y cuando esté dispuesto a hacer un esfuerzo. La felicidad es una creación, una actividad deliberada de pensamiento y comportamiento persistentes en el tiempo. Es la capacidad de gestionar nuestra experiencia a través del control voluntario de nuestra percepción y conducta, algo que podemos aprender a hacer.
 
No abogo por despreocuparse de las circunstancias materiales y sociales, es fundamental contar con condiciones materiales y de seguridad como base para cultivar nuestro bienestar. El problema surge cuando has dedicado gran parte de tu vida y esfuerzos únicamente a luchar por tener solvencia económica y asegurar un estatus social y estabilidad material, descuidando aspectos mucho más determinantes de tu satisfacción en la vida. Alcanzar seguridad material es un objetivo comprensible, y de hecho necesario, es la base de la subsistencia física. Pero cuando se transforma en el propósito mayor de nuestras vidas, la calidad de ella se verá disminuida.
 
Buscar la felicidad no es algo egoísta, procurar ser feliz no sólo hará que la persona se sienta mejor, sino que estimulará su energía, su creatividad y su salud física, promoverá mejores relaciones sociales, aumentará su productividad en el trabajo e incluso alargará su vida. La felicidad por sí mismas produce condiciones muy deseadas, y ofrece innumerables recompensas, no solo para la persona feliz, sino que también para su familia, compañeros de trabajo, la comunidad  y la sociedad.
 
Natalia Córdova Rubio
Psicóloga Clínica USACH
natalia.cordova@gmail.com
 
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