Preocupémonos por nosotros mismos

Desde pequeños nos han enseñado a relacionarnos con otros; a actuar de determinada manera con los demás; a considerar sus necesidades; a tratar de ayudarlos y a lograr ciertas metas en la vida, como ser padres, profesionales, exitosos, entre otras. Es común oír frases como: “debes comportarte bien con tus padres”, “debes cuidar de tus hermanos”, “debes preocuparte por tus hijos”, “debes ser buen empleado”, “debes ser el mejor de la clase”, etc. La cultura en la que estamos insertos juega un rol muy importante en esta manera de pensar, ya que en ella es bien visto preocuparse por los otros, actuar altruistamente y obtener ciertos logros que son apreciados por la sociedad. Sin embargo, hay un sujeto que no es considerado y que suele ser ignorado, este sujeto somos nosotros mismos. Nadie dice que sea malo preocuparse por los demás o alcanzar metas, pero ¿Qué ocurre con nosotros? ¿Me preocupo por mi mismo/a? ¿Cómo me relaciono conmigo mismo/a? ¿Aquellas cosas a las que aspiro realmente las deseo o sólo busco responder a una presión social? ¿Oigo los llamados de auxilio que emite mi cuerpo? ¿Cómo me cuido?
 
Las preguntas anteriores nos permiten reflexionar sobre la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. Muchas veces no nos detenemos a pensar cómo nos encontramos o qué queremos realmente, y seguimos insertos en la misma rutina, ya sea en los estudios, en el trabajo, en la familia, etc. Generalmente, tiene que ocurrirnos una situación imprevista o de emergencia para detenernos a pensar qué hemos estado haciendo, cómo nos hemos relacionado con nosotros mismos y cómo nos sentimos con eso. Esto es muy común, ya que la propia persona suele estar invisibilizada y se suele ignorar, olvidando lo importante que resulta preocuparnos por nosotros para poder estar bien, y así poder preocuparnos por los demás o por alcanzar aquello que deseamos. De esta manera, estar bien significa oírnos a nosotros mismos e identificar qué es lo que necesitamos.
Hagamos el siguiente ejercicio:
 
Preguntémonos: ¿Qué es lo que necesito ahora? A continuación, hagámonos la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que “realmente” necesito ahora?
 
Con esta actividad podemos comenzar a reflexionar sobre nosotros e identificar aquellas necesidades de las cuales no nos habíamos percatado. Es importante aprender a considerarnos, ya que convivimos con nosotros mismos todo el tiempo y somos los protagonistas de nuestra vida. En este sentido, resulta interesante que reflexionemos sobre las siguientes preguntas: ¿Cómo me trato a mi mismo? ¿Soy amable conmigo o me juzgo duramente? ¿Me trato a mí mismo como me gustaría que me trataran los demás? ¿Cuando las cosas no resultan como yo quiero cómo me trato?
 
Por último, recordemos que somos almas que habitan un cuerpo físico y que tenemos que cuidar de ambos, por un lado, tratándonos con cariño y comprensión, y por otro, preocupándonos por la salud de nuestro cuerpo. Y para poder realizar esto es necesario aprender a escuchar qué es lo que necesito y aprender a identificar las señales que emite nuestro cuerpo, ya que de esta forma se pueden prevenir problemas y enfermedades a nivel psicológico y físico, aspectos que se interrelacionan y que repercuten directamente en nuestro bienestar.
 
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