Formación en terapias complementarias.

Motivado por el exponencial aumento a nivel mundial y nacional del uso de terapias complementarias, el Ministerio de Salud de Chile ha buscado promover la profesionalización de las medicinas complementarias así como la adecuada formación de los profesionales y el ejercicio idóneo de estas disciplinas. Es por esto que desde 2004 la situación de las terapias alternativas está regulado por el decreto N° 42 del “Reglamento para el ejercicio de las prácticas médicas alternativas como profesionales auxiliares de la salud y de los recintos en que estas se realizan” (Decreto42.PDF) en donde se señala la necesidad de normalizar la situación de las personas que ofrecen y  difunden las prácticas médicas alternativas, sobre la base de encauzarlas hacia la regularización de sus conocimientos adquiridos a través de instituciones de educación superior o, mientras ello no ocurra, a través de la autorización sanitaria correspondiente, respecto de profesiones auxiliares previamente reglamentadas, con el objeto de que puedan realizar un legítimo ejercicio de su profesión.

No obstante, respecto a la situación de la formación en terapias alternativas, cabe recordar que por definición las terapias alternativas están fuera del conocimiento comprobado por el mundo académico. Si bien, a nivel mundial y en particular en Estados Unidos existe un creciente interés de la academia por evaluar la efectividad de dichas prácticas que se ha reflejado en la creación del National Center for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM), que investiga sistemáticamente los efectos de un amplio espectro de terapias alternativas y productos naturales (para mayor información NLM), el conocimientos que fundamenta éstas prácticas y sus modelos de salud a la base, no se encuentran respaldados con títulos emanados de establecimientos de formación considerados como “tradicionales”.

Entre los practicantes representantes de esta amplia y diversa gama de técnicas unidas bajo el concepto de terapias alternativas, se encuentran desde los curanderos, machis, videntes, asociados a las prácticas étnicas mágico-religiosas; los estudiosos de tradiciones médicas milenarias como la Medicina China o el Ayurveda; los practicantes de técnicas energéticas como el Reiki o Magnified Healing; hasta las prácticas basadas en conocimientos científicos lejanos de los desarrollos de la corriente principal. En este amplio espectro de practicantes, su formación no ha estado necesariamente vinculada a instituciones de educación superior tales como universidades, institutos profesionales o centros de formación técnica. Ha sido, la transmisión oral, el “traspaso del don”, el aprendizaje en la experiencia, la formación autodidacta, la transmisión del linaje, lo que ha fundamentado sus conocimientos.

Esto genera un particular escenario para el aprendizaje de dichas prácticas, bajo el nuevo escenario de regularización que pretende la autoridad. En este contexto, surgen muchas preguntas. ¿Puede la regularización de la enseñanza propuesta por una autoridad ajena a la filosofía de estos tradiciones de sanación asegurara la buena formación de los nuevos practicantes y mantener el espíritu de su filosofía? ¿Cuál es el rol de quienes practican estos modelos de salud en el nuevo contexto que busca sistematizar prácticas muchas veces relacionadas con un “modo de ser” más que un “modo de hacer”? ¿Cómo los nuevos practicantes pueden asegurarse una buena formación frente a este nuevo escenario en que aparecen tantas nuevas ofertas de formación?

Si bien no podemos responder a todas estas preguntas, algo podemos comenzar a enunciar.

En un artículo de la periodista Karina Ohme, se sugiere que a partir de la publicación del DL 42, donde la autoridad señala claramente los requerimientos para la formación de los profesionales de las medicinas complementarias y para la práctica clínica, se ha generado un profundo cambio en estas disciplinas en Chile. Para la Ph.D. Dra. Xiwli Germain, a un buen profesional en Medicinas Alternativas y Complementarias se le reconoce por “su currículum, experiencias y linaje”. Y agrega que “tener linaje denota tener ética” ( ver nota ).

Poseer linaje, es decir, que se pueda rastrear en la trayectoria de los formadores la relación más pura y cercana con los creadores de la técnica. Además, que cuenten con la certificación oficial como formadores en dicha técnica, ya que es lo que será reconocido por las autoridades sanitarias. Podemos buscar también el que cuenten con una reconocida trayectoria en atención a pacientes, y los buenos resultados y los años de trabajo hablan de ello. Por otra parte es fundamental la experiencia en formación de terapeutas, ya que estar capacitado para aplicar una técnica no equivale a ser capaz de transmitirla y generar el aprendizaje necesario en los alumnos. Otra cosa importante que se debe buscar en los formadores es que entreguen el apoyo a lo largo de la formación y al iniciar el servicio a los pacientes, para esto es relevante que se ofrezca la posibilidad de espacios de práctica supervisada.  Por último cabe destacar, frente al sin número de nuevas ofertas en el pujante mercado de la formación en terapias alternativas, no buscar la salida más rápida y económica, no conformarse con los cursos que prometen una formación “resumida”, que son poco exigentes y que no entregan una profundización en un marco teórico o un modelo de salud-enfermedad. Esto es relevante para mantener la filosofía a la base de las terapias alternativas, y no volverlas simples técnicas que repliquen el modelo médico.