Cómo ser libres de la aprobación de la gente

¿Qué es lo que lleva a una persona a vivir pendiente de la aprobación de los demás, de la pareja, del jefe? ¿Qué es lo que lleva a una persona frente a una figura de autoridad a temblar o tener dificultades para comunicarse o relacionarse? ¿Qué es lo que lleva a una persona a vivir pendiente de las opiniones de los otros? El rechazo.

Cuando una persona es rechazada, dentro de sí, se va a activar inmediatamente la búsqueda de aprobación de parte de los demás. Hay dos tipos de rechazos: El directo: “no sirves”, “no vales”, “no te quiero”, “ojalá que te mueras” El indirecto: es el rechazo sutil. Por ejemplo: “cuando un padre esperaba un hijo varón y vino una nena”; “o en tu casa nunca preguntaban tu opinión”; “cuando alguien te miraba con una risita burlona o te descalificaba”; “en el día de tu cumpleaños tus hermanos tenían mejores regalos que tú”; “silencios castigadores”; “no valorar tus aportes”. El Rechazo detiene el crecimiento : Dicen los investigadores, los psicólogos, que quedas detenido emocionalmente en la edad que fuiste rechazado. Por ejemplo, si fuiste rechazado a los ocho años, emocionalmente te detuviste a los ocho; si fuiste rechazado a los once, te detuviste a esa edad. Por eso, vemos mucha gente que intelectualmente es brillante, puede estudiar, alcanzar doctorados, avanzar, pero afectivamente son inmaduros y no pueden consolidar una pareja, no pueden criar a sus hijos, no pueden tener estabilidad emocional. Surge la pregunta: ¿Cómo puede ser que esa persona es tan brillante intelectualmente, es tan buena para los negocios, para los números y tan desastrosa en el área de las emociones?
Es que el área intelectual sigue desarrollándose pero el área afectiva queda detenida en la etapa en que fue rechazado.

Las personas rechazadas tienen conductas infantiles, acordes con la edad del rechazo. Comienzan la vida con una hipersensibilidad muy grande, todo lo que les sucede lo leen como rechazo: si alguien cuenta un chiste piensan que se está burlando de ellos; si alguien no los saludó piensan que los están rechazando; si alguien no los considera creen que, otra vez, se están burlando de ellos.